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Si pensamos que una mujer ”sola” puede criar a un recién nacido, sin colapsar, sin querer salir corriendo, sin violentarse con ella misma o con su bebé, sin sentirse aislada, deprimida y agotada... es porque desconocemos las necesidades de nuestra especie.

Aún atravesadas por la cultura, seguimos siendo mamíferas que sufrimos cuando tenemos miedo, hambre, frío o soledad, y durante los primeros días de crianza sentimos todo eso y mucho más. ¿Seremos buenas madres? ¿volveremos a ser libres algún día? ¿Podremos hacer frente a la responsabilidad inmensa que sentimos sobre este ser infinitamente hermoso que salió de nuestro cuerpo? ¿Recuperaremos nuestro peso? ¿Podremos dar de lactar? ¿Salvaremos nuestra relación de pareja?

Todas estas dudas generan cortisol en exceso y sólo en compañía amorosa y confiable regulamos y disminuimos el stress.

Así que si llegó una cría a nuestra familia, no lo dudemos y regalemos compañía, una limpieza de casa, una vianda para el freezer o unos brazos para que mamá se bañe. Una madre reciente necesita tribu; una cría necesita cuerpo, disponibilidad, teta... TODO EL DÍA, por eso una mamá requiere de contención, comprensión, compañía de la buena y muuuucha ayuda.



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